¿Por qué el twerk es una herramienta pedagógica, política y transformadora?
- 22 may
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Actualizado: 24 may
En Barcelona, una ciudad donde los cuerpos se encuentran, se mezclan y se reinventan, el twerk ha dejado de ser solo un baile para convertirse en un lenguaje.
Un lenguaje que nace de la diáspora africana, que atraviesa historias de resistencia y que hoy, en espacios como TWERKYOURLIFE, se transforma en una herramienta pedagógica, política y profundamente liberadora.
1. El twerk como raíz afrodiaspórica
El twerk no nació en TikTok ni en los gimnasios europeos.
Su origen está en los ritmos, celebraciones y rituales de comunidades africanas y afrodiaspóricas. Desde Costa de Marfil hasta Nueva Orleands, donde a finales de los 80’s, dentro de la comunidad trans, surge el twerk como concepto para definir un movimiento seco de la pelvis.
Movimiento que también vemos, en otros lugares de la diáspora africana como es San Basilio de Palenque – una de las primeras comunidades cimarronas libres de Abya Yala. Aquí no se llama twerk, es simplemente uno de los pasos principales del Mapalé.
Enseñar twerk en Barcelona exige reconocer esta genealogía y honrarla. Cuando une profesore comprende esta raíz, su práctica deja de ser imitación y se convierte en responsabilidad cultural.
2. El cuerpo como territorio político
En un mundo que regula, vigila y castiga los cuerpos —especialmente los cuerpos de mujeres, personas racializadas, gordas, queer y disidentes— mover la pelvis es un acto político.
El twerk devuelve agencia, placer y autonomía.
En el aula, esto se traduce en un espacio donde cada persona puede habitarse sin culpa y disfrutarse.
3. Pedagogía del goce: aprender desde el placer
La formación de profesoras de twerk de TWERKYOURLIFE se sostiene en una premisa clara: el placer también es conocimiento.
Cuando el aprendizaje nace del disfrute, el cuerpo memoriza mejor, se lesiona menos y se expresa más libremente.
4. Interseccionalidad aplicada al movimiento
No se puede enseñar twerk sin hablar de raza, género, clase, diversidad funcional, neurodivergencia o migración.
Por eso nuestra formación integra miradas de más de 12 profesionales de distintas disciplinas: desde la somática sensible al trauma hasta la decolonialidad, la sociología, la neuroafirmación y la accesibilidad.
5. Barcelona como territorio de encuentro
La ciudad condal es un cruce de caminos. En el barrio de Gràcia, donde se encuentra La Casa del Ritmo, el twerk se convierte en un puente entre culturas, generaciones y experiencias. Aquí, cada clase es un laboratorio vivo de comunidad.
El twerk no es solo técnica: es memoria, política, cuerpo y futuro.
Si quieres formarte como profesora desde una mirada profunda, ética y transformadora, las inscripciones para la formación presencial (11 plazas) para ser profe de twerk y la formación online (30 plazas) para la mirada interseccional aplicada al agula, ya están abiertas.






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